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Historiador pragmático
La investigación histórica se encuentra estrechamente vinculada a la práctica y a la vida. A ellas sirve y de éstas se enriquece. La función de la historia no se limita a registrar los hechos “tal como sucedieron” –según la clásica formulación de Ranke, premisa metodológica de la historiografía positivista–, sino que permite la comprensión del presente al efecto de saber qué se debe conservar y qué transformar de la sociedad. Y a partir del análisis correcto de los factores implicados y las tendencias del desarrollo hacer una previsión lúcida de los hechos por venir. Desde que aprehendiera el marxismo, Trotsky estimaba que la función social de la historia consistía en las enseñanzas del pasado que reportaran pautas de acción en la realidad histórica inmediata. De ahí que aparezca con frecuencia en sus escritos la palabra “lecciones”. En Historia de la Revolución Rusa dice, por ejemplo: “La historia no tendría ningún valor si no nos enseñó nada” 15. Existe, pues, en su producción histórica una finalidad pragmática orientada a un proyecto político revolucionario. Como historiador revolucionario los principales objetivos perseguidos por Trotsky fueron grosso modo: Contribuir con su obra a la constitución de una conciencia histórica que afirmara la conciencia de clase revolucionaria. Defender la legitimidad histórica de la Revolución de Octubre. A partir de la reconstrucción factual, demostrar que la teoría de la “revolución permanente” formulada en 1905 había sido plenamente corroborada por los acontecimientos de 1917. Restablecer la verdad histórica de los hechos de la revolución que sistemáticamente venían siendo ocultados y desfigurados en la Unión Soviética. La reescritura de la historia en ese país obedeció a un propósito político al servicio de los intereses de la burocracia en el poder 16. Concibiendo la historia cual arma del combate político, invalidar desde este terreno el cambio de rumbo en la conducción política y económica de la URSS, calificándolo como una reacción al leninismo y a la Revolución de Octubre. Informar verazmente acerca de su propio rol en la historia de la revolución, que era objeto de tergiversación por la historia oficial ordenada por Stalin.
El problema de la objetividad en el conocimiento histórico La relación sintética sujeto-objeto establecida en el proceso de conocimiento constituye en sí misma un testimonio de la vida histórica, así lo admite la teoría de esta ciencia. En dicha relación el investigador social tiene un rol activo por cuanto es también objeto de conocimiento. Ergo, el sujeto cognoscente siempre introducirá en el proceso factores subjetivos. Como ser social el historiador está sometido a un conjunto de relaciones y condicionamientos en el marco de una determinada realidad histórica que influirán en su percepción de los hechos y problemas que estudie. Por consiguiente, el conocimiento se halla condicionado socialmente y la objetividad nunca llega a ser absoluta. De ahí que la objetividad del conocimiento pueda construirse por medio de la intersubjetividad social. El historiador que sea consciente de esta variable que afecta su trabajo se encontrará en mejores condiciones de alcanzar una visión del pasado que propenda a la objetividad y de mantener la historia en el rango de ciencia. El trabajo de Trotsky como historiador estaba influido por su “inevitable parcialidad” de “combatiente político” 17 (concebía que la ciencia histórica no era incompatible con la acción política), mas su carácter científico se fundaba en una teoría de la historia y en la aplicación de una rigurosa metodología. A este respecto dice Trotsky en la introducción al segundo y tercer volumen de su Historia de la Revolución Rusa: “... el coeficiente de subjetivismo está definido, limitado, y controlado no tanto por el temperamento del historiador, cuanto por la naturaleza de su método”18. A este respecto, dedicó Trotsky en 1933 un artículo rotulado “¿Qué es la objetividad histórica?”. Allí dice: “La historia no es un vaciadero de documentos y sentencias morales. La historia es una ciencia no menos objetiva que la fisiología. Exige un método científico, no una ‘imparcialidad’ hipócrita. Se puede aceptar o rechazar la dialéctica materialista como método histórico científico, pero es menester tenerla en cuenta. La objetividad científica puede y debe ser inherente al método empleado. Si el autor no logró aplicar correctamente su método, hay que señalar exactamente dónde ocurrió” 19. Y líneas más adelante declara: “Una obra histórica es científica cuando los hechos se combinan en un proceso total que, al igual que en la vida real, se desenvuelve según sus propias leyes internas” 20. Trotsky fue consecuente con los principios que enunciara en la realización histórica. Señaló en más de una ocasión que los críticos de su trabajo no podían imputarle un solo error en la presentación de los hechos o en el uso de los materiales. Sin embargo, sí se echa de menos en su obra –especialmente en la Historia– la presentación del aparato crítico exterior que permitiera al estudioso la localización de la documentación empleada. Este defecto se explica por la intención de agilizar la lectura y evitar el abultamiento innecesario del texto. De ningún modo ello obedeció a un propósito deliberado del autor a ocultar sus fuentes, las cuales menciona aunque sin ofrecer las referencias específicas 21. Recuérdese en este punto que la historiografía de Trotsky no estuvo dirigida primariamente a los especialistas sino a un público vasto. El fin divulgador explicaría su modo de proceder en el aspecto formal de su trabajo de investigación histórica.
Consideraciones finales El tiempo que a Trotsky le tocó vivir y el sistema de ideas al que se adscribiera en su juventud condicionaron su quehacer histórico. De otra parte, su profundo conocimiento de la historia le permitió desempeñar un papel histórico de influencia en la Revolución Rusa, y de esa experiencia excepcional se nutrió su labor como historiador. Su condición de actor, testigo e intérprete de su tiempo cuanto por la perspectiva que adoptara en la reflexión histórica hacen de su obra una muestra sin par en la historia de la Revolución Rusa 22. Las exploraciones sobre el pasado que Trotsky emprendió dieron como resultado una obra que revela sus cualidades de historiador concienzudo, dotado de una sólida formación teórica y de una admirable destreza narrativa. Era un artista de la palabra y los recursos literarios que empleó infundieron vitalidad a sus estudios históricos otorgando color y movimiento a las escenas de la revolución que recreara con brillantez. Su estudio de los hechos históricos anclaba en un conocimiento crítico de las fuentes y en la aplicación de una metodología apropiada. Sobre la base de la investigación empírica, el método dialéctico del marxismo proveyó a Trotsky de los principios fundamentales para configurar una teoría de la revolución. Estos aspectos de su trabajo intelectual permitieron que la historización de los episodios en los que estuvo comprometido políticamente concluyeran en una exposición lógica y pormenorizada del proceso de la revolución, de sus hechos, causas y dinámica interna. En lo tocante a la posición asumida por Trotsky ante los asuntos abordados históricamente habría que decir que fue la idéntica a la que profesó como militante, es decir adoptó el punto de vista determinado por los intereses de clase del proletariado. Según el marxismo tal posición se encuentra abierta al proceso de cambio social y ofrece una mejor perspectiva en la búsqueda de la verdad, por cuanto ésta es para el proletariado una herramienta necesaria para el cambio social 23. Tomando el pulso a su obra, podemos sostener, en suma, que la actividad de Trotsky como historiador estuvo presidida por los mismos principios de honradez, consecuencia y laboriosidad que rigieran su práctica política. Por todo lo aquí dicho hemos de concluir que, en este aspecto de su trabajo intelectual, Trotsky es y seguirá representando una alternativa. Lima, 5 de noviembre de 2002 * Gabriel García Higueras es historiador, profesor en la Universidad de Lima, Perú. 1. Cuando estudiaba la carrera de historia no dejó de llamar mi atención que en importantes trabajos al uso sobre la teoría de la historia y el desarrollo de la ciencia histórica mundial –escritos por reconocidos autores– los capítulos concernientes a la historiografía marxista no incorporasen a Trotsky entre sus exponentes. Véase, entre otros: Pierre Vilar, Iniciación al vocabulario de análisis histórico, Barcelona, Crítica, 1980; Josep Fontana, Historia: Análisis del pasado y proyecto social, Barcelona, Crítica,1982; Ciro Cardoso y Héctor Pérez Brignoli, Los métodos de la historia, México, Grijalbo, 1977; Jerzy Topolsky, Metodología de la historia, Madrid, Ediciones Cátedra, 1992; Julio Aróstegui, La investigación histórica: teoría y método, Barcelona, Crítica, 1995; Emilio Mitre, Historia y pensamiento histórico, Madrid, Ediciones Cátedra, 1997. 5. De la biografía que compusiera de Lenin sólo finalizó los capítulos que tratan de sus años de juventud. En una entrevista concedida en Dinamarca en 1932, Trotsky dio anuncio de un proyecto literario acerca del fundador del bolchevismo, el cual comprendería tres tomos: uno dedicado a su vida, el segundo a la discusión sobre las falsas interpretaciones de sus enseñanzas, y el último tomo, de carácter teórico y político, estaría dirigido a polemizar con los dirigentes del gobierno soviético, a quienes llama desdeñosamente “epígonos” de Lenin. Véase “Entrevista con Social-Demokraten ”, 28 de noviembre de 1932, en Escritos de León Trotsky, 1929-1940. Buenos Aires, Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones “León Trotsky”, 2001, Libro 2 1930-1932. 7. Hubo en estos años algunos proyectos de obras históricas que Trotsky no consiguió emprender. Por ejemplo, en 1931 refirió que se proponía escribir un libro sobre el año 1918. Por los sucesos que marcaron ese año (el estallido de la guerra civil, la invasión al país por los ejércitos extranjeros, la fundación del Ejército Rojo, entre otros hechos), Trotsky lo comparó con el de 1793 de la Revolución Francesa. Véase: “Declaración a un corresponsal de Associated Press”, 14 de julio de 1931, en Escritos de León Trotsky 1929-1940. Buenos Aires, Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones “León Trotsky”, 2001, Libro 2 1930-1932. Al año siguiente anunció Trotsky una virtual historia sobre el Ejército Rojo, investigación que no llevó a término. Del mismo modo, Isaac Deutscher menciona en su biografía de Trotsky que hacia 1933 existía un proyecto de historia sobre la guerra civil en Rusia. 12. “Entrevista con Social-Demokraten ”, 28 de noviembre de 1932, en Escritos de León Trotsky 1929-1940. Buenos Aires, Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones “León Trotsky”, 2001, Libro 2 1930-1932. 13. Loc. cit. De manera más categórica se pronunció Trotsky en su Diario de 1935 cuando escribió: “Si ni Lenin ni yo hubiésemos estado en Petrogrado, no habría habido Revolución de Octubre: la dirección del partido bolchevique la habría impedido, de esto no me cabe la menor duda”. Citado por Isaac Deutscher en Trotsky. El profeta desterrado (1929-1940). México, Ediciones Era, 1975, p. 226-227. 16. Sobre la falsificación histórica en la Unión Soviética, Trotsky escribió en el otoño de 1932: 22. Existen expresivas opiniones de intelectuales de diferentes épocas y lugares acerca del elevado concepto que les ha merecido la obra de Trotsky. A este respecto recordaré tan sólo que el ilustre historiador de la república peruana, Jorge Basadre (1903-1980) calificó la Historia de la Revolución Rusa de “magistral”, diciendo de esta obra que era “uno de los más grandes libros del siglo XX”. Jorge Basadre, El azar en la historia y sus límites, Lima, Talleres Gráficos P.L. Villanueva, 1973, p. 32. 23. Esta idea está desarrollada con amplitud en: Adam Schaff , Historia y verdad, México, Grijalbo, 1974; Michel Lowy, “Objetividad y punto de vista de clase en las ciencias sociales”, en Michel Lowy et al. Sobre el método marxista, México, Grijalbo, 1973.
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