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Página 1 de 2 Rudolf Klement, The New International- Bruselas, 1937 La reseña del libro The Case of Leon Trotsky en el primer número del periódico Der Einzige Weg cita la siguiente declaración interesante del camarada Trotsky sobre las diferencias en las tareas del proletariado durante una guerra entre Francia y la Unión Soviética, y Alemania y Japón, reproducido aquí en cierta forma de modo más completo.
STOLBERG: Rusia y Francia ya tienen una alianza militar. Suponga que estalla una guerra internacional. No me interesa lo que usted dice sobre la clase obrera rusa en ese momento. Ya lo sé. ¿Qué le diría a la clase obrera francesa en referencia a la defensa de la Unión Soviética? “Cambien al gobierno burgués francés”, ¿eso les diría? TROTSKY: Esta pregunta está más o menos respondida en las tesis “La Guerra y la Cuarta Internacional”, en este sentido: en Francia yo permanecería en oposición al gobierno y desarrollaría sistemáticamente esta oposición. En Alemania yo haría todo lo posible para sabotear la maquinaria de guerra. Son dos cosas diferentes. En Alemania y Japón, yo aplicaría métodos militares en la medida en que puede pelear, oponerme, y dañar a la maquinaria, la maquinaria militar de Japón, para desorganizarla, tanto en Alemania como en Japón. En Francia, es la oposición política contra la burguesía, y la preparación de la revolución proletaria. Los dos son métodos revolucionarios. Pero en Alemania y en Japón yo tengo como mi objetivo inmediato la desorganización de la maquinaria completa. En Francia, tengo el objetivo de la revolución proletaria... GOLDMAN: Suponga que usted tiene la oportunidad de tomar el poder durante la guerra, en Francia, ¿plantearía esto si tuviera la mayoría del proletariado? TROTSKY: Naturalmente. (páginas 289 en adelante) Dentro de los límites de una reseña era naturalmente imposible, con esta declaración coloquial especial aislada, medio improvisada y necesariamente incompleta, desarrollar los problemas generales de la lucha revolucionaria durante la guerra o incluso arrojar suficiente luz teórica sobre esa cuestión específica. Como la cita de más arriba llevó desde que fuera publicada a numerosos malentendidos, y peor aún, a maliciosas distorsiones (“se están preparando para la paz civil en Francia”, renuncian al derrotismo revolucionario, etc!), vale la pena reparar el descuido previo. En cuanto a los principios básicos de la lucha revolucionaria contra la guerra y durante ésta, consideraciones de espacio nos obligan a concentrarnos aquí en nuestras tesis sobre la guerra [La guerra y la Cuarta Internacional, 1934] que fueron aprobadas en mayo de 1934 por el Secretariado Internacional de nuestro movimiento, y que han constituido desde entonces uno de los documentos programáticos más importantes del bolchevismo, adquiriendo más importancia con el correr de los días. Con respecto a la cuestión específica que nos interesa, el camarada Trotsky, en la declaración mencionada arriba, hace referencia a los siguientes puntos en las tesis sobre la guerra: 44. El proletariado internacional, que en todo momento defenderá resuelta y abnegadamente al estado obrero en lucha contra el imperialismo, no se convertirá sin embargo en aliado de los aliados imperialistas de la URSS. El proletariado de un país capitalista aliado a la URSS debe mantener total y absolutamente su intransigente hostilidad hacia el gobierno imperialista de su propio país. En este sentido su política no será diferente de la del proletariado del país que pelea contra la URSS. Pero en lo que hace a la actividad concreta, pueden surgir diferencias considerables según la situación de la guerra. Por ejemplo, sería absurdo y criminal, en el caso de que se declarase una guerra entre la URSS y Japón, que el proletariado norteamericano saboteara el envío de municiones norteamericanas a la URSS. Pero el proletariado de un país que pelee contra la URSS se vería absolutamente obligado a recurrir a acciones de este tipo:huelgas, sabotaje, etcétera. 45. La intransigente oposición proletaria al aliado imperialista de la URSS debe basarse en la política clasista internacional y en los objetivos imperialistas de ese gobierno, en el carácter traicionero de la “alianza”, en su especulación con un retorno de la URSS al capitalismo, etcétera. Por lo tanto, la política de un partido proletario tanto en un país imperialista “aliado” como en uno enemigo debe orientarse hacia el derrocamiento revolucionario de la burguesía y la conquista del poder. Sólo de esa manera se creará una verdadera alianza con la URSS y se salvará del desastre al primer estado obrero. Las guerras de años recientes no representaron una lucha directa entre potencias imperialistas, sino expediciones coloniales (Italia-Abisinia, Japón-China) y conflictos acerca de esferas de influencia (China, Chaco, y en cierto sentido también España), y en consecuencia no degeneraron, en el interín, en un conflicto mundial. Hitler abriga la esperanza de atacar a la URSS mañana tal como Japón ataca a China hoy, esto es, espera alterar la relación de fuerzas imperialista sin violar directamente los intereses esenciales de los otros imperialismos, manteniendo en consecuencia al conflicto como un choque de carácter local. Estos eventos, que han estado ocurriendo desde 1934, han mostrado claramente que las tesis arriba mencionadas sobre la actitud del proletariado de los países imperialistas son válidas no sólo en una guerra anti-soviética, sino en todas las guerras en las cuales éste deba alinearse con uno de los bandos en pugna; y esto se aplica precisamente a las guerras que hemos presenciado en años recientes. La guerra no es más que la continuación de la política por otros medios. De aquí que el proletariado debe continuar su lucha de clases en tiempos de guerra, entre otras cosas con los nuevos medios que la burguesía pone a su disposición. Este puede y debe utilizar el debilitamiento de su “propia” burguesía en los países imperialistas para preparar y para llevar adelante de modo implacable su revolución social en conexión con la derrota militar engendrada por la guerra, y tomar el poder. Esta táctica, conocida como derrotismo revolucionario y realizable internacionalmente, es una de las palancas más fuertes de la revolución proletaria mundial en nuestra época, y en consecuencia del progreso histórico. Sólo cuando la lucha es imperialista en un solo bando, y es una guerra de liberación de naciones no imperialistas, o de un país socialista contra la amenaza de la opresión imperialista –o la opresión real- en el otro bando, así como en las guerras civiles entre las clases o entre la democracia y el fascismo; el proletariado internacional no puede y no debe aplicar la misma táctica haica los dos bandos. Reconociendo el carácter progresivo de esta guerra de liberación, éste debe luchar decisivamente contra el enemigo principal, el imperialismo reaccionario (o bien contra el campo reaccionario, en el caso de una guerra civil), esto es, debe pelear por la victoria de los (política) o socialmente oprimidos, o que están a punto de ser oprimidos: la URSS, los países coloniales y semi-coloniales como Abisinia o China, o la España republicana, etc. Aquí también, no obstante, éste tiene viva conciencia de su oposición irreconciliable de clase hacia su “propia” burguesía -o su oposición política a la burocracia soviética- y no entrega sin resistencia ninguna de sus posiciones independientes. Como en los países imperialistas, éste pugna con todas sus fuerzas por la revolución social y la toma del poder, el establecimiento de su dictadura, sólo la cual, además, hace posible una victoria segura y duradera sobre los imperialistas. Pero en tales casos, éste no puede –y de hecho no busca- como en el campo imperialista, la victoria revolucionaria a costa de una derrota militar, sino más bien en la perspectiva de la victoria militar de su país 1. La lucha de clases y la guerra son fenómenos internacionales, que se deciden internacionalmente. Pero como toda lucha no permite que haya más que dos campos (bloque contra bloque) y como las luchas imperialistas se entrelazan con la guerra de clase (imperialismo mundial-proletariado mundial), surgen muchos casos complejos y con múltiples aristas. La burguesía de los países semi-coloniales o la burguesía liberal amenazada por su “propio” fascismo, apela a la ayuda de los imperialismos “amigos”; la Unión Soviética, por ejemplo, intenta utilizar los antagonismos entre los imperialismos cerrando alianzas con un grupo contra otro, etc. El proletariado de todos los países, la única clase solidaria internacionalmente –y por ello la única clase progresiva entre otras cosas-, se encuentra en la complicada situación en tiempos de guerra, especialmente en la nueva guerra mundial, de combinar el derrotismo revolucionario hacia su propia burguesía con el apoyo a las guerras progresivas. Esta situación es utilizada al máximo en este momento y ciertamente lo será mañana, por los social-patriotas de tipo socialdemócrata, estalinista o anarquista, para hacer que los proletarios se dejen masacrar por las ganancias del capital bajo la ilusión de ayudar a sus hermanos de la URSS, China y del resto del mundo. Esto le sirve a los social traidores, además, para retratar a los revolucionarios no sólo como “traidores a la patria”, sino también como “traidores a la patria socialista” (así como ahora son denunciados a gritos como agentes de Franco). Esta es una razón fundamental por la cual el proletariado, especialmente en los países imperialistas, necesita tener, en esta situación claramente contradictoria, una comprensión particularmente clara de estas tareas combinadas y de los métodos para llevarlas a cabo. En la aplicación del derrotismo revolucionario contra la burguesía imperialista y su estado, no puede haber ninguna diferencia fundamental, más allá de si éste último es “amigable” u hostil hacia la causa apoyada por el proletariado, ya sea que aquel se halle en una alianza –traicionera- con los aliados del proletariado (Stalin, la burguesía de los países semi-coloniales, los pueblos coloniales, el liberalismo anti-fascista), o que esté librando una guerra contra ellos. Los métodos del derrotismo revolucionario no cambian en absoluto: la propaganda revolucionaria, la oposición irreconciliable al régimen, la lucha de clases desde su forma puramente económica hasta su forma política más elevada (la insurrección armada), la confraternización de las tropas, la transformación de la guerra en guerra civil. La defensa internacional de los estados proletarios, de los pueblos oprimidos que luchan por su libertad, y el apoyo internacional a la guerra civil armada antifascista, debe, no obstante, tomar naturalmente diferentes formas según sea que la “propia” burguesía se ponga de su lado o los combata a éstos. Aparte de la preparación política de la revolución social, cuyos ritmos y métodos no son de ninguna manera idénticos a los de la guerra, esta defensa debe naturalmente tomar formas militares. Además del apoyo revolucionario, ésta consiste, en consecuencia, en el apoyo militar hacia la causa progresiva, así como también en el daño militar inflingido contra su oponente imperialista. El apoyo militar puede naturalmente adquirir un alcance decisivo sólo donde el proletariado mismo tiene las palancas del poder y de la economía en sus manos (la URSS, y en cierta medida, España en el verano de 1936). En los países imperialistas, que están aliados con los países que están librando guerras progresivas y revolucionarias, todo se reduce a esto: que el proletariado luche con medios revolucionarios por un apoyo militar directo, efectivo, controlado por éste, hacia la causa progresiva (“¡Aviones para España!” gritaban los obreros franceses). En todo caso, éste debe promover y controlar un apoyo militar directo realmente garantizado (el envío de armas, municiones, alimentos, especialistas, etc), incluso al costo de una “excepción” de la lucha de clases directa 2. Deberá quedar librado a la perspicacia y el instinto revolucionario del proletariado, que es bien conciente de sus tareas, el hacer la distinción correcta en cada situación concreta, para evitar perjudicar los intereses militares del lejano aliado del proletariado por causa de estrechas consideraciones de la lucha de clases nacional, no importan qué tan revolucionarias parezcan éstas, así como también evitar hacer el trabajo sucio para su “propio” imperialismo con el pretexto de darle ayuda indirecta a sus aliados. La única ayuda real y decisiva que los trabajadores pueden aportarle a estos últimos es tomar el poder y mantenerlo en sus manos.
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