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LIBROS

La partitura perdida de Trotsky

Cada tanto aparece en los diarios que se encontró en algún oscuro baúl o en una biblioteca, un manuscrito de una novela póstuma de un escritor o una partitura de una sinfonía de algún compositor que se creían perdidas o que se desconocían. A veces pasa que incluso esas piezas perdidas y encontradas cambian algo de la percepción que se tenía de sus autores y se descubren en ellas verdaderas joyas. Algo así me pasó cuando, hace algunos años, me llevé para leer en unas vacaciones de verano una versión en inglés en dos tomos de “Los primeros 5 años de la Internacional Comunista” de León Trotsky, con el objetivo de publicarla luego en castellano, como volumen 9 de la colección Obras Escogidas de Ediciones IPS en octubre de 2016.

Armonía

Obviamente, Trotsky pertenecía al mundo de los escritores y no tenía la capacidad de componer música. Sin embargo, no era una persona cuya actividad principal se acotaba a lo literario y que dejaba que sus escritos actuaran por sí solos. En este caso me parece que el revolucionario ruso se podría comparar con un sinfonista, alguien que compone en papel para grandes ensambles musicales, que al mismo tiempo tiene la capacidad y la oportunidad de dirigirlos. La orquesta en cuestión fue la Internacional Comunista en sus años leninistas, los cinco primeros de su existencia, de 1919 a 1923. En ese período la III Internacional fue el partido mundial de la revolución obrera y socialista, fundado a partir del triunfo de la Revolución Rusa.

El libro contiene una recopilación hecha por el propio Trotsky de documentos, tesis, cartas y discursos escritos o pronunciados por él mismo relacionados con su actividad como el principal dirigente de la Internacional Comunista junto con Lenin. Esta obra fue publicada en ruso en junio de 1924, poco después de la muerte de Lenin a modo de balance de lo hecho hasta ese momento, y a pocos meses de comenzada la lucha de su autor y de la Oposición bolchevique de Izquierda contra la burocracia de Stalin. Podríamos decir que la gran orquesta comunista estaba cambiando de director, por uno que tenía un nulo oído para la música revolucionaria…

Hagamos una historia de los encuentros y luego desencuentros de este libro. Fue publicado por la editorial del Estado soviético pero, como al cabo de apenas tres años Trotsky sería finalmente expulsado del Partido Bolchevique y pasado a considerar un “enemigo del pueblo”, fue retirado de circulación. Es la continuidad de los combates contra la burocracia que venía dando junto al propio Lenin (durante el período final de su vida, en el caso de este último) y que pega un salto con la responsabilidad de la camarilla de Stalin en la derrota de la revolución alemana de 1923 y el balance posterior de esta. Trotsky veía que lo que la burocracia estalinista estaba produciendo en la IC era, cada vez más, una revisión completa y, en los hechos, un repudio a la tradición leninista previa. Ante semejante cambio de “música” el revolucionario ruso trataba, como en las sinfonías, de recapitular los temas principales, es decir, recopilar y transmitir objetivamente cuál había sido el bagaje de la III Internacional hasta ese entonces.

En nuestra lengua solo se publicó en forma de libro una cuarta parte de la obra original (Editorial Antídoto de Buenos Aires, en 1976) y luego varios artículos restantes se encontraban dispersos por aquí y allá, a veces en sitios de internet poco conocidos y con traducciones cuya calidad no era óptima. Por último, una parte considerable nunca había visto la luz en castellano.

Contrapunto

Sus páginas recorren todos los problemas de la política obrera durante la ola de revoluciones que sacudió el mundo entre el final de la Primera Guerra Mundial y mediados de la década de 1920. Vamos a puntear algunos temas.

Cómo construir partidos comunistas en los países avanzados de Occidente y las presiones conservadoras de sus viejas tradiciones, la relación entre estos partidos, los sindicatos, los consejos de trabajadores que imitaban el modelo de los soviets rusos, los soldados, los campesinos. Aquí se puede ver un marxismo nada “ruso”: es imposible y ridículo pretender que todas las revoluciones van a ser un calco de la rusa. Sin embargo, sus lecciones pasan por tratar de sacar conclusiones de la mecánica de clases y de la necesidad de la estrategia insurreccional. Se trata de “occidentalizar” al bolchevismo, traducirlo a condiciones muy distintas, donde hay un lastre de viejas tradiciones, instituciones e ideologías conservadoras en el movimiento obrero y de masas; un problema que hoy, luego de un siglo, ya no se verifica solo en los países desarrollados sino también en gran medida en lugares como América Latina. En el lapso entre el tercer y las postrimerías del cuarto congreso de la IC se desarrollan dos categorías claves para esto, como son la táctica del “frente único” y el concepto de Programa de Transición. La actualidad de ambos en los conflictos actuales brinda vigencia a escritos incluidos en este libro que los fundamentan.

El marxismo es un método para una política científica que se puede desprender de cómo se relacionan entre sí los hechos económicos, las relaciones entre los Estados nacionales y la lucha de clases. A su vez, este entramadoinfluye sobre los cambios o la inercia en la conciencia de los trabajadores, y a partir de allí se puede pensar cómo llegar a influir en las grandes masas y los peligros de las acciones revolucionarias aisladas de ellas. Otro importante debate es el surgimiento del fascismo en Italia y de las primeras organizaciones paramilitares de derecha en el resto de Europa, y también las lecciones de la derrota de la revolución alemana de 1923, el intento más importante al que se enfrentó la Internacional luego de su fundación en 1919.

Disonancias

Por cierto, como en toda orquesta, una de las funciones del director consiste en detectar y corregir cuando ciertos músicos desafinan. En la Internacional Comunista había grandes sectores que disentían con los dos principales dirigentes bolcheviques. Había casos en que Trotsky era “corrido por izquierda”: una mayoría de los delegados extranjeros a los congresos que se realizaban en Moscú (particularmente el tercero y el cuarto, 1921 y 1922, respectivamente) tenían una posición impaciente y de que se debía hacer insurrecciones y tomar el poder inmediatamente, a cualquier costo, aún con poca o nula participación de las masas, que todo se trataba únicamente de una cuestión de voluntad. Tal era el caso de la mayoría de los comunistas alemanes e italianos. También había quienes lo cuestionaban por derecha: el comunismo no debía ser algo muy distinto de las viejas tácticas electorales y parlamentarias “probadas” de la socialdemocracia. Tal era el caso de la mayoría de los delegados comunistas franceses. Precisamente una de las partes más emocionantes del libro son los discursos de Trotsky sumergido en estas discusiones: uno tiene la sensación de estar viéndolo y escuchándolo, en total minoría, tratando de convencer a sus oponentes, mientras lo interrumpen con gritos o gestos de desaprobación. El libro está plagado de estos momentos en que parece que los que desafinan son la mayoría de los músicos de la orquesta, y estos “se plantan” y con total personalidad le discuten al director… Claro, los tiempos en que el movimiento comunista sería una unidad monolítica donde nadie podía osar discutir la palabra de los dirigentes solo empezarían a correr cuando Stalin y su burocracia transformaron a la III Internacional, de un instrumento en un impedimento para la revolución, a partir de 1924.

A partir de allí comienzan las “sinfonías” más conocidas de Trotsky. Pero lo que hoy queríamos introducir es esta joya perdida y encontrada. Quien la lea encontrará enseguida la marca de los clásicos, es decir, la capacidad de trascender el tiempo e interpelar y hablar también sobre los problemas de la revolución en el tiempo presente.



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