Morirán
trece[1]
31 de
enero de 1937
Stalin ha
perdonado las vidas de Radek, Sokolnikov y otros dos acusados como concesión a
la opinión pública, para fusilar al resto con mayor tranquilidad. Después de obligar a los acusados a aceptar
acusaciones monstruosas, no puede dejar de fusilarlos. Ya habrá ejecutado a
Piatakov para impedir la investigación sobre su vuelo a Oslo en un avión
imaginario. Debe fusilar a los demás
para hacer valer su derecho de fusilar a Piatakov. Debió matarlos para
satisfacer a la “opinión pública” de la URSS, engañada y desmoralizada por él.
Desde hace
mucho tiempo, los acusados que conozco – Radek, Sokolnikov, Piatakov,
Boguslavski, Serebriakov, Muralov, Drobnis - son mis adversarios implacables. Y
durante el juicio se comportaron como enconados enemigos. Sin embargo, debo
declarar ante toda la humanidad y desde el fondo de mi alma que estos
hombres son inocentes de todos los crímenes que la GPU les obligó a
confesar. Son víctimas de un sistema
político horrendo, al que ya no le quedan vestigios de conciencia ni de
honor. El inspirador y organizador es Stalin. El mote de Caín permanecerá con
él para siempre.