El
señor Troianovski salta a la palestra con un incomprensible artículo polémico[1]
4 de
febrero de 1937
Con gran asombro leí en los periódicos mexicanos que hoy un despacho fechado en Washington, relativo a un artículo polémico del embajador soviético Troianovski. Según él, yo reconozco en ese artículo que “existe una conspiración cuyo objetivo es matar a Stalin” (¡); que justifiqué la necesidad de la conspiración con las siguientes palabras: “la única manera de remover a Stalin es asesinarlo”. Troianovski - me refiero al periodista no al diplomático - debe haber perdido la cabeza para recurrir a un argumento tan banal. ¡Al mismo tiempo, muestra una falta total de respeto por la prensa norteamericana, al suponerla capaz de publicar declaraciones donde se incita directamente al asesinato!
Resulta
claro para cualquier lector imparcial que mi declaración se refiere a la psicología política del grupo dominante.
Stalin – escribí – se cree un líder irremplazable e incontrolable como Hitler.
Stalin cree que no existen ni pueden existir, medios legales para remplazarlo,
que los instrumentos legales de la constitución y el partido no permiten
modificar la política ni la composición de la dirección. Por eso cree que la
Oposición no puede lograr sus fines sin recurrir al terrorismo. Por eso, los
amos de la GPU ven en cada militante de
la Oposición un terrorista en potencia. La crítica política no es más que el
primer paso hacia el asesinato de
Stalin y sus colaboradores. A partir de allí, Vishinski entra en el terreno de
la jurisprudencia para justificar el primer
paso con el último. Ser militante
de la Oposición equivale automáticamente a ser terrorista. Sin embargo, mi
declaración no se refería al programa y a los planes de la Oposición, ni menos
aun a los planes de los infelices capituladores (Piatakov, Zinoviev, etcétera). No, se refería pura y exclusivamente
a la lógica propia del despotismo,
del bonapartismo, es decir del stalinismo.
Los
trotskistas (los auténticos trotskistas no los títeres de la GPU) no creen en
modo alguno que Stalin sea un jefe sagrado, irremplazable, vitalicio. El
mejoramiento del bienestar y la cultura coloca a las masas en implacable
oposición al bonapartismo. He ahí la
esencia de la crisis que vive la URSS. Ante este colosal proceso político –
el creciente antagonismo entre el pueblo y la burocracia – los actos
terroristas son aventuras miserables e impotentes llevadas a cabo por
individuos aislados y desesperados. Es fácil remplazar a Stalin: existen los
Voroshilov, Kaganovich, etcétera. Sólo el movimiento de masas puede liquidar el
funesto régimen político que impera en la URSS.
El zar
ruso era irremplazable y hereditario. Un partido de la intelectualidad rusa
(“los socialrevolucionarios”) creían que sólo los métodos terroristas servían
para eliminar al zarismo. Por su parte, la burocracia zarista veía en cada
revolucionario un terrorista. Tuvo que pasar mucho tiempo antes de que
nosotros, los marxistas rusos, representantes de la clase obrera, pudiéramos
demostrar, a través de la lucha incesante contra el aventurerismo terrorista,
que nuestro método de lucha nada tenía que ver con el asesinato de ministros y
líderes.
Debo decir
que no termino de comprender las fuentes del error del periodista Troianovski.
El mismo, al igual que la mayoría de los altos funcionarios y embajadores
soviéticos, fue un implacable adversario de Lenin y de la Revolución de Octubre
en el periodo 1914-20. Durante la Guerra Civil el señor Troianovski fue uno de
los dirigentes del Partido Menchevique. A diferencia del Partido
Socialrevolucionario - que asesinó a Volodarski y Uritski,[2]
hirió a Lenin, trató de destruir mi tren militar, etcétera- el señor
Troianovski y sus mencheviques jamás recurrieron a la acción terrorista, a
pesar de su odio implacable hacia el régimen soviético. ¿Acaso no significa
esto que se puede ser opositor sin ser terrorista? Así es nuestra Oposición,
que no lucha contra el poder de los soviets, sino contra el despotismo
burocrático que ahogó a los soviets.
El 4 de
marzo de 1929, cuando los futuros procesos de Moscú todavía no estaban
planteados, escribí un análisis de la política de Stalin, donde dije: “A Stalin le queda una sola alternativa:
trazar una demarcatoria de sangre entre el partido oficial y la Oposición. Le
es indispensable vincular a la Oposición con crímenes terroristas, preparación
de insurrección armada, etcétera”. ¡Escribí estas líneas hace ocho años!
Desde entonces, repetí esta advertencia en decenas de ocasiones a través de la
prensa. Los fraudes judiciales de Moscú no me sorprendieron.
[1] El señor Troianovski salta a la palestra con un incompresible artículo polémico. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard.
[2] V. Volodarski (1890-1918): comisario de prensa, propaganda y agitación. Moisei Uritski (1873-1918), uno de los organizadores de la insurrección de octubre de 1917 y luego jefe de la Cheka de Petrogrado. Ambos fueron asesinados par los socialrevolucionarios.