Telegrama
a Chicago[1]
14 de
febrero de 1937
Se
encuentran entre ustedes representantes de distintas tendencias del pensamiento
socialista, comunista y democrático de Chicago y de todo Estados Unidos. No
dudo que la gran mayoría de ustedes, dejando de lado los matices que puedan
existir, son partidarios sinceros de la Revolución de Octubre y defensores
inconmovibles de la Unión Soviética. Permítanme decirles que los llamados
trotskistas de la URSS, y me refiero a mis verdaderos amigos ideológicos, no a
los seudo- “trotskistas” fabricados por la GPU, serán, en el momento de
peligro, los más firmes y valientes defensores de la Revolución de Octubre
contra los planes del fascismo. Se puede contar con estos hombres,
revolucionarios y no funcionarios, que en largos años de prisión y exilio han
demostrado su fidelidad a la causa y su espíritu de sacrificio.
En todo el
mundo, los enemigos de la clase obrera tratan de utilizar los procesos de Moscú
para desacreditar a la Unión Soviética y a la idea misma del socialismo a los
ojos de masas populares, Tal es la política de la prensa amarilla de Hearst.
Ciertos izquierdistas ciegos sacan de allí la conclusión de que es necesario
abandonar las revelaciones y guardar silencio. ¡Cómo el problema radicara en
las revelaciones y no en los procesos! ¡Cómo si la fuente del peligro estuviera
en el diagnóstico médico y no en la enfermedad insidiosa que carcome el
organismo!
¡Abajo la
ceguera! Para remediar los males es necesario decir francamente las cosas como
son. No es posible borrar los procesos de Moscú de la historia. No cayeron del
cielo. No son invento de Stalin. Fueron engendrados por los intereses y el
espíritu de una casta parasitaria que amenaza las grandes conquistas de la
revolución y que, al mismo tiempo, por intermedio de la Comintern provoca la
desmoralización del movimiento obrero mundial. Justamente, para salvar a las
masas de la desesperación y para salvar el honor y el futuro del socialismo,
los obreros deben aprender a distinguir claramente las profundas contradicciones
internas de la Unión Soviética, sus grandes conquistas, sus tradiciones
bárbaras, sus potencialidades socialistas, sus úlceras sociales.
La
burocracia soviética dice: “ Nosotros somos el estado; nosotros somos el
socialismo”. Por su parte, la reacción mundial quiere demostrar que los
crímenes de la burocracia son los crímenes del socialismo. Los marxistas
revolucionarios decimos: “La burocracia no es la revolución, sino un
subproducto canceroso de la revolución”.
Este tumor
es producto del aislamiento y del atraso de la Unión Soviética, de la pobreza
de su pueblo, de las grandes derrotas del proletariado mundial. Si permitimos
que el cáncer se desarrolle sin obstáculos, llegará a dominar completamente al
organismo y se transformará en una nueva clase dominante que borrará
definitivamente las conquistas sociales de la revolución.
Otros
prefieren vacilar eternamente para no asumir ninguna responsabilidad.
“¿Por qué - preguntan - debemos creerle
a Trotsky y no a Stalin?” Este planteo
es absolutamente falso. La confianza ciega es una exigencia de los
regímenes totalitarios encabezados por líderes infalibles. Así sucede tanto con
el fascista Hitler como con el ex bolchevique Stalin.
No pido
confianza: propongo una verificación. El
método de la verificación es muy sencillo. Debemos formar una comisión investigadora integrada
por representantes calificados del movimiento obrero, del pensamiento
científico, de la jurisprudencia, de la literatura y del arte.
Aprovecho
esta asamblea para repetir una vez más:
si dicha comisión resuelve que soy mínimamente culpable, en forma
directa o indirecta, de los crímenes monstruosos que Stalin me imputa, me
entregaré voluntariamente a la GPU.
Sin embargo, debo advertirles por adelantado
que Stalin no aceptará el desafío. No
puede aceptarlo. Prefiere contratar a
los burócratas de la Comintern y a
otros individuos de conciencia dúctil, para llevar el contagio a los demás espíritus.
Pero si
Stalin retrocede ante la comisión investigadora, ustedes no lo harán. Si Stalin
es incapaz de demostrar que sus
acusaciones son justas, nosotros
podemos demostrar que son falsas.
Que se
hagan a un lado los “amigos” de la URSS cuyo espíritu es demasiado sensible o
prudente. No los necesitamos. Entre
ellos hay muchos arribistas y
charlatanes. Quien se hace a un lado en los momentos críticos, traicionará al movimiento obrero en los momentos difíciles.
¡Gloria y
honor a los verdaderos defensores de la Unión Soviética, los que se pronuncian
con audacia y firmeza contra los crímenes
de la burocracia soviética! Ellos sabrán ganarse la confianza y el respeto de
la abrumadora mayoría de los obreros y de los ciudadanos honestos en general.
Ellos salvarán la bandera del socialismo, hoy manchada por la burocracia
soviética, para el futuro. Ellos ayudarán al pueblo soviético a aplastar el
nuevo despotismo e instaurar la democracia soviética.
¡Sólo la verdad ayuda al pueblo!
Ciudadanos
y amigos, exigid imperiosamente la creación de una comisión investigadora
internacional. Apoyadla con todas vuestras fuerzas.
¡Abajo el
veneno de la mentira!
¡Abajo los fraudes judiciales! ¡Viva la verdad! ¡Viva el socialismo!
[1] Telegrama a Chicago. Labor Action, 27 de febrero de 1937, donde apareció bajo el título de “El Telegrama de Trotsky repite el desafío”. Telegrama a un mitin de masas realizado en Chicago el 14 de febrero de 1937, para protestar contra los juicios de Moscú. El mitin aprobó una resolución en apoyo a la formación de una comisión investigadora internacional.