Por
la creación inmediata de una Comisión Investigadora[1]
15 de
marzo de 1937
Mi
estimada señorita La Follette:
Permítame,
felicitarla por su carta, tanto por su espíritu como por las caracterizaciones
de las personas y las circunstancias políticas involucradas. Pero no responderé
en esta ocasión a los problemas que usted menciona. Mi objetivo es muy concreto
y preciso: plantearle al Comité, con su ayuda, que es necesario proceder a la
creación inmediata de la comisión investigadora o, al menos, del núcleo activo
de tal comisión. Lo demás es secundario.
Es utópico
aguardar que se conforme una comisión ideal, Por encima de todo ataque y
crítica. La comisión podrá ganar y ganará autoridad en el curso de su trabajo,
porque, los hechos, la lógica, los argumentos y los documentos están todos a su
favor. No importa si la comisión es modesta en sus comienzos. Se convertirá en
el eje de cristalización de toda discusión honesta e inteligente respecto de
las acciones a realizar en el futuro.
No puedo
ocultarle mis temores: el comité abrió las puertas de la comisión investigadora
a toda la opinión pública mundial; si el comité se demora en lanzarse a la
acción, por esas puertas pasarán los stalinistas. Ya han comenzado a formar una
comisión investigadora en México. Harán lo mismo en todos los países (quizás
esa sea la misión de Malraux, con la ayuda del Nation o del New Republic).[2] Dadas las circunstancias, el
comité podría lograr resultados diametralmente opuestos a sus propósitos. Ahí
está el peligro.
Sobra
decirle cuánto aprecio la participación de una personalidad tan importante y
destacada como el señor Dewey, o de un adversario político tan conocido como el
señor Norman Thomas. Pero me permito afirmar que ellos tienen el deber moral de
no vacilar en el umbral de la investigación, sino de cruzarlo. El señor Thomas
dice que no puede participar en la comisión porque está demasiado expuesto al
fuego de los stalinistas. Si queremos una comisión reconocida y aprobada por
los stalinistas, jamás haremos nada. Todos saben que el señor Thomas es un
implacable adversario de mi política. ¿Qué más necesita un obrero honesto, un
hombre honesto?
Tengo
entendido que el señor Dewey prefiere no descender de las alturas filosóficas
para sumergirse en el pozo de los fraudes judiciales. Pero el torrente
histórico plantea sus propias exigencias e imperativos. Voltaire ató su nombre
al asunto Calas. Zola al del caso Dreyfus
el “desvío” no disminuyó la estatura histórica de estos hombres.[3] Los fraudes de Moscú son diez,
cien, mil veces más importantes que los casos de Calas y Dreyfus. El más destacado de los historiadores norteamericanos [Charles A. Beard] le dijo a
un amigo mío que, a pesar de su interés
en el asunto, no puede dedicarle tiempo a la comisión porque está
escribiendo un nuevo libro. Me permito
afirmar: el libro histórico, filosófico y psicológico más importante de nuestro
tiempo será escrito por la comisión investigadora. Por la objetividad jurídica
de sus propósitos, el resultado de la investigación significará un gran aporte
a la comprensión de la dialéctica del proceso histórico en general y de la
revolución en particular.
Es
necesario dar el primer paso en las próximas
dos semanas. El comité no tiene derecho a perder más tiempo. El paso siguiente podría ser un
viaje a México (lamentablemente, no puedo viajar a Nueva York por el momento)
de una comisión preparatoria de tres o cinco miembros, que escuche mi
testimonio y resuelva si los hechos y argumentos justifican la iniciación
inmediata de la investigación. Si el señor Dewey, por problemas de su edad o de
su trabajo, no puede participar en una investigación que insumirá varios meses
de tiempo, tanto más importante es su participación en los trabajos de la
precomisión.
No puedo
escribirle oficialmente a la comisión, ni lo haré, pero aprovecho su carta tan
amistosa para responderle en forma
igualmente amistosa y franca. Por favor, utilice esta carta como crea
conveniente. Por mi parte sólo me resta repetir: el comité no tiene derecho a
perder una hora más. Se justifica que yo insista porque (a diferencia de lo que
sostienen Malraux y demás agentes stalinistas) no se trata de un problema
“personal” mío, sino de un problema político general y, en primer lugar, de un
problema que hace al destino de la Unión Soviética.
Con mis
mejores deseos y saludos,
Atentamente,
León Trotsky
[1] Por la creación inmediata de una comisión investigadora. Del archivo de James P. Cannon. Con autorización de la Library of Social History de Nueva York. Carta a Suzanne La Follete (1893-?), escritora y ex directora de The New Freeman, miembro del CNDLT y posteriormente secretaria de la Comisión Dewey.
[2] New Republic: semanario liberal de los años treinta, muy influenciado por los stalinistas.
[3] Jean Calas (1698-1762): calvinista francés, fue ejecutado por haber asesinado a su hijo para impedir que se convirtiera al catolicismo romano. Voltaire lo defendió como víctima de la intolerancia religiosa.