La
política de nuestros camaradas en el Comité[1]
17 de
marzo de 1937
A todos
los camaradas del comité
Estimados
camaradas:
El trabajo
del comité posee una importancia histórica, pero no puedo estar de acuerdo con
la actitud de nuestros propios camaradas que militan allí. Durante los dos
primeros meses, por falta de información, expresé mis dudas, temores y críticas
de la manera más cautelosa. Pero ahora digo sin vacilar: la línea general de
nuestros camaradas en el comité es incorrecta. La debilidad de la política de
nuestros camaradas, mejor dicho, la falta de política, paraliza la actividad
del comité y suscita el riesgo de llevarlo a un callejón sin salida. Señalaré
algunos ejemplos y síntomas y luego sacaré las conclusiones.
1. [En
enero] tuvimos algunas discusiones con Shachtman, Novack y otros camaradas
acerca de la actividad del comité. El eje de la discusión fue la necesidad de
formar la comisión investigadora inmediatamente. Cada camarada norteamericano
sugirió algunas medidas concretas para integrar la comisión. Este era el
objetivo, el verdadero objetivo, el objetivo general de todo el trabajo
posterior.
Yo estaba
totalmente seguro de que el plan había comenzado a cumplirse. Sólo ahora
comprendo que, bajo el ataque de los stalinistas y dada la debilidad de
nuestros camaradas, el problema de la comisión fue dejado de lado, en primer
término por la crisis interna del comité y en segundo término por la falta de
firmeza, de claridad y de una línea consecuente.
Supongo
que la crisis del comité fue producto de un cierto diletantismo, unido a la
confusión política que acompañó a su creación. Pero no entraré en esto porque
carezco de suficiente información. El hecho es que la crisis fue superada
gracias a las masas y a pesar de las vacilaciones de nuestros camaradas.
El mitin
del Hipódromo demostró que los obreros quieren ayudar al comité. Era
absolutamente necesario que se utilizara este ascenso para la creación
inmediata de la comisión investigadora. ¿Por qué no se presentó ante el mitin
un proyecto de lista de miembros de la comisión, con el fin de estimular y
presionar a los liberales? Solow me preguntó ayer por qué no formulé esta
propuesta antes del mitin.[2] Muy bien: me declaro culpable de
no haberlo previsto desde Coyoacán. Pero este problema fue discutido a mediados
de enero, ¿cómo había de pensar yo que el comité haría cualquier cosa excepto
lo indispensable?
2. El
anteproyecto de estatuto fue el elemento que me reveló cuál es el espíritu de
los camaradas en el comité: un espíritu no de lucha, sino pasivo, capitulador.
Les dije a los amigos que están aquí: si los camaradas actúan de esa manera, la
victoria es imposible. Es imprescindible implementar una nueva orientación. En
ese espíritu redacté unas enmiendas. Sin embargo, yo estaba seguro de que el
núcleo de la comisión estaba ya listo para empezar a trabajar, que el estatuto
era sólo el comienzo. Ayer me enteré por Solow que el estatuto es un fin en sí
mismo, un medio para perder el tiempo con la esperanza de que a partir de un
buen estatuto puede nacer una comisión ideal. Esta es una concepción puramente
formal, puramente jurídica, no política y no marxista.
Una
pequeña comisión investigadora, aunque esté integrada por gente de base (si las
personas calificadas vacilan) puede lograr muy buenos resultados. Cuando
publique los primeros testimonios, documentos, etcétera, referidos, por
ejemplo, al capítulo Copenhague, ganará autoridad, atraerá a la “nobleza” y
abrirá nuevas posibilidades. Sin embargo, el mejor estatuto del mundo resultará
estéril si falta la voluntad de crear la comisión inmediatamente.
3. Ya he
dicho bastante sobre el episodio del Nation.
Todo lo que he leído y todo lo que me ha dicho Solow refuerza mi convicción
acerca de que la oposición de nuestros camaradas no fue accidental, de que aquí
no se trata de las bondades de una medida aislada, sino de la línea política
general de y para el comité. Ustedes estarían en una situación
incomparablemente mejor que la actual con respecto Malraux y la pérfida
iniciativa del New Republic, si hubieran
enviado y publicado oportunamente mi carta al Nation. Era un acto de
delimitación. Es una medida sumamente necesaria.
4. Aprecio
en alto grado la participación del señor Dewey en el Comité. Comprendo que no
puede actuar de otra manera. No es partidario de Stalin ni de Trotsky. Quiere
establecer la verdad. Pero la posición de ustedes es distinta. Ustedes conocen
la verdad. ¿Tienen derecho de ocultarla, inclusive dentro del comité? Ustedes
tienen el mismo deber que los liberales de mantener la identidad política en el
seno del comité. La declaración de principios u objetivos debe reflejar la
presencia de ambas partes. En el peor de los casos, si aceptan la declaración
de principios de Dewey como base común, están obligados a declarar que no se
encuentran por encima de los stalinistas y de los trotskistas, que sobre la
base del procedimiento, los hechos, etcétera, etcétera, ustedes saben dónde
está la verdad y dónde el fraude. Pero conforman una alianza con los liberales
honestos, en el terreno elegido por ellos, para convencer a la opinión pública
de la justicia de su causa. Invitan a los stalinistas a hacer lo mismo. Esa
declaración, dictada por la situación en su conjunto, les hubiera resultado
sumamente valiosa para la propaganda entre las masas; mucho más importante que
la declaración abstracta de Dewey.
5. El
episodio de Fenner Brockway está tan fresco en la memoria que no es necesario
recordarlo. Tampoco éste fue casual. Es
parte de una línea general caracterizada por la falta de demarcación firme.
Toda
acción política, sobre todo cuando se basa en un bloque, parte de la
demarcación con respecto a los enemigos, tanto francos como pérfidos. Hecha
esta demarcación podemos iniciar las maniobras, alianzas y concesiones. En caso
contrario, traicionaremos a los amigos verdaderos y a nosotros mismos. En
política no hay nada más peligroso que ayudar al enemigo a mantener su máscara
amistosa hasta último momento.
En este
asunto de la investigación estoy a favor de un bloque con los liberales, los
conservadores honestos, los socialdemócratas, etcétera. Pero debe ser un bloque
con personas dispuestas a enfrentar valientemente los ataques, calumnias e
intrigas de los stalinistas y a no
traicionar la justicia elemental. Los liberales que no quieren
diferenciarse del Nation o de las
intrigas de Fenner Brockway no pueden ser nuestros compañeros de ruta. Es mejor
descartarlos. Mañana se acercarán, si la comisión investigadora trabaja activa
y eficientemente.
Hemos
escrito muchas cosas sobre las reglas marxistas de la coalición: a) no perder
la propia identidad; b) considerar al aliado como un posible adversario; e)
reservarse el pleno derecho a crítica; d) complementar la acción dentro del
bloque con acciones independientes; e) estar dispuesto, cuando se presentan circunstancias
favorables (el mitin del Hipódromo), a asumir la iniciativa en la acción si los
aliados vacilan, etcétera, etcétera. Pero la experiencia demuestra que de la
explicación de fórmulas generales a su aplicación práctica hay mucho trecho.
Desde el punto de vista de los principios, el error de nuestros camaradas
pertenece a la misma categoría que el error de los comunistas chinos después de
su ingreso al Kuomintang.
Ayer le
escribí a Suzanne La Follette sobre las medidas a tomar para salvar la situación.
Les envío copias de esa carta. En el próximo período, todos los problemas, no solamente el problema del proceso, tendrán
relación con la comisión investigadora. Es necesario resolver y organizar una
subcomisión que venga a México en dos o tres días. Mon Dieu, el asunto no es tan difícil, siempre y cuando el comité
esté dispuesto a cumplir con su deber. Al mismo tiempo, es necesario hacer la
lista de integrantes de la comisión o de su primer núcleo, para que ésta pueda
iniciar su trabajo tan pronto como la delegación vuelva de México y presente su
informe. Al mismo tiempo, debemos solicitar a los comités de todo el mundo que
envíen su mandato para iniciar la investigación. Esta es la única manera de
recuperar el tiempo perdido y abrir un nuevo capítulo en la historia del
comité.
Esta carta
es el resultado de una larga conversación con el camarada Solow. Les ruego se
la hagan llegar a todos los camaradas que participan en esta actividad.
Con
saludos partidarios,
León
Trotsky
[1] La política de nuestros camaradas en el comité. Del archivo de James P. Cannon. Con autorización de la Library of Social History
[2] Herbet Solow (1903-1964): intelectual de izquierda norteamericano, fue periodista de publicaciones obreras en los años treinta. Apoyó al PC hasta 1932 y luego fue simpatizante de los trotskistas. Entró al Workers Party en 1934, pero se separó en 1935. Apoyó la Comisión Dewey. Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial repudió el marxismo y luego fue editor de la revista Fortune.