Nuestro trabajo en el Partido Comunista[1]
20 de marzo de 1939
La discusión se abrió con la lectura de los siguientes extractos de dos cartas.
Carta de Trotsky
“Su carta y la
discusión con dos compañeras de Nueva York que vinieron a verme me indican
nuevamente que nuestro trabajo dentro del Partido Comunista es muy pobre. No
hay ningún tipo de conexión y se nota un cierto fatalismo al respecto: “Somos
demasiado débiles; no contamos con suficientes fuerzas para comenzar una acción
sistemática, etcétera”.
“Me parece
absolutamente falso, peligroso, casi diríamos criminal. Mi opinión es que
debemos hacer un registro de todos los camaradas que vinieron del Partido
Comunista en los últimos dos o tres años, de los que tienen conexiones
personales con los stalinistas, etcétera, y organizar pequeñas discusiones con
ellos, no de carácter general sino práctico e incluso individual; elaborar
algunos planes muy concretos y rediscutir la cuestión después de una semana o
algo más de tiempo. Sobre la base de este trabajo preparatorio se podrá formar
una comisión con ese propósito.
”El fin de la
tragedia española, las revelaciones sobre las actividades de los stalinistas en
España y artículos como la excelente correspondencia de Terence Phelan en París[2]
inevitablemente producirán alguna desintegración en las filas stalinistas.
Debemos estar allí para observar estos procesos y utilizar las oportunidades
que se presenten. Es la tarea más importante del partido en este período.”
Carta a Trotsky
“Leí su carta
con mucha atención y discutí su contenido con varios camaradas. Se hicieron
algunos intentos en relación al PC, pero de carácter local; están lejos, muy
lejos, de constituir organizativamente la primera tarea del partido. Un
camarada muy activo e inteligente consideró muy buenas sus sugerencias y estimó
que las mismas podrían conducirnos al éxito. Otros camaradas de mayor nivel
partidario no se mostraron tan seguros.
”Sus dudas
pueden plantearse así: los militantes del PC en su conjunto no tienen más de un
año o año y medio de antigüedad. Estos militantes no entraron al partido para
luchar por el establecimiento del comunismo sino con el fin de estar en mejores
condiciones para luchar por la democracia capitalista. La experiencia de nuestros
camaradas que están en contacto con la base del PC en muchas partes del país
muestra que estos militantes hablan un lenguaje enteramente diferente al
nuestro. Cuando hablamos de política con ellos, simplemente no saben a qué nos
referimos. En relación con esto, me enteré por un íntimo amigo mío que vive en
California, un artista que simpatiza con nosotros pero no milita en el partido,
que el PC está desarrollando una intensa actividad entre los círculos
universitarios de California, y logra un gran éxito sólo sobre la base de que
lucha por la democracia. Los compañeros que reclutan son gente conocida en la
universidad como liberal, creyente en la democracia, que incluso considera muy
radical a Nation;[3] y no
han cambiado ni un ápice sus creencias. El PC se acercó a ellos. Además, la
actividad de los miembros del PC es de un nivel increíblemente bajo. No están
mínimamente adiestrados en la lucha de clases sino simplemente amarrados a la
maquinaria bélica. Si esta gente deja el PC como ya lo han hecho miles de
personas, no vendrán hacia nosotros sino que se convertirán en apáticos o serán
material para los fascistas. El trabajo en el PC es extremadamente difícil
porque la militancia está atomizada -el polo opuesto a la centralización de la
dirección-; no hay posibilidades de que los militantes se reúnan y discutan en
una escala más amplia que la de una pequeña rama o unidad.
”Todos los
camaradas están de acuerdo en que sabemos muy poco acerca de la composición
del PC y de lo que ocurre en él y aceptaron que podíamos hacer mucho más.
Propuse que se estableciera un trabajo organizativo a escala nacional y uno de
los camaradas de mayor nivel preguntó cómo se realizaría esa tarea.
Naturalmente,
el problema de desmenuzar la organiza ción y descubrir inicialmente qué sucede
dentro de ella me interesa vivamente, pero hay muchos camaradas mejor
capacitados que yo para hacer ese trabajo.
”Sí, hay algo
de escepticismo entre algunos compañeros. Cuando afirmé que era inevitable una
escisión en el PC y que la misma no haría sino ayudar a educar en cierto grado
a la gente que permanece, aunque sea un corto tiempo, en sus filas - incluso el
Daily Worker utiliza posiciones socialistas en alguna medida -[4]
estuvieron de acuerdo en que existe una contradicción en su ideología pero
opinaron que difícilmente nos favorezca.
”Una curiosa
observación: algunos de los miembros que estuvieron entre los primeros
militantes en el tercer período son en la actualidad dentro del PC devotos
adherentes de Roosevelt. Escuchan sus discursos por radio como si hablara Dios
Padre. No son cínicos; son realmente simpatizantes de Roosevelt ¿Qué se puede
hacer con gente como ésa?”
Trotsky: Me
parece que estas dos cartas son una introducción suficiente para que los
camaradas expresen sus opiniones acerca de la posibilidad de trabajar dentro
del partido stalinista.
O 'Brien: Podría
agregar algo sobre las relaciones de nuestros militantes con los stalinistas a
partir de mis experiencias mientras estaba en el Appeal de Nueva York.
Recibíamos quejas cada vez que sacábamos artículos contra los stalinistas. Los
camaradas solían escribimos diciéndonos que estábamos tratando de construir un
partido de masas y que deberíamos hacer de nuestro periódico un periódico de
masas, sin fijarnos constantemente en el partido stalinista. Para ellos,
fijarse en los trabajadores significa no fijarse en el partido stalinista. Sin
embargo, cada vez que los mismos camaradas escribían para el Appeal, las
realidades del trabajo partidario les exigían expresarse contra los
stalinistas. Otros camaradas que se quejaban de los ataques al PC, cuando se
les pedían propuestas concretas, sólo sugerían más ataques.
Sus
objeciones, me parece, se basaban en la cantidad del material antistalinista.
Ciertamente, un repaso del Socialist Appeal muestra que el sesenta por
ciento de los artículos son contra el Partido Comunista. Pero el trabajo parece
demasiado difuso, como disparar al cielo. Lo que necesitamos es un plan
concreto y un acercamiento consecuente hacia los stalinistas.
Creo que en la
tarea de acercarnos a los militantes del PC debemos tomar en cuenta el análisis
que usted hace en su carta. Debemos ocuparnos de lo fundamental; si la
militancia del PC está interesada únicamente en “preservar la democracia”
debemos tratar la cuestión en ese sentido. Si somos serios cuando afirmamos
que desearnos influir en la actual militancia del PC, debemos estar
dispuestos a intentar la tarea de educarlos para que tengan un punto de vista
revolucionario. No podemos hablarle a la nueva base stalinista a partir
de una premisa revolucionaria; tampoco podemos esperar que estén familiarizados
con la historia de la Comintern.
Yo sugeriría
para este momento una columna definida, dirigida por alguna persona que sirva
para esa tarea específica, que aparezca una o dos veces por semana si es
necesario insistiendo en dos o tres puntos fundamentales y trabajar
intensamente sobre ellos todas las semanas. Nuestra campaña antistalinista,
aunque sea concreta a escala local, a escala nacional es incomprensible para la
base del PC. Por supuesto, junto con la prensa debemos llevar a cabo dentro del
PC un trabajo organizativo.
Lankin: Creo
que la única forma de averiguar realmente qué está sucediendo en el PC es,
efectivamente, mandando gente a trabajar allí por un cierto tiempo y darles
tareas especiales; debe tratarse de gente calificada. Creo, y así lo he
sostenido durante mucho tiempo, que en lo que respecta a ganar verdaderamente
militantes, poco es lo que podemos esperar del trabajo con esa organización.
Hay pocos elementos revolucionarios en el PC. Casi todos ellos, afiliados al
partido antes de que Hitler llegara al poder, atravesaron el tercer período y
ahora aceptan la nueva línea, son
absolutamente inútiles y deshonestos. Nadie puede haber aceptado de
buena fe el tercer período y actualmente la nueva línea. Los elementos nuevos,
que se unieron al partido después del tercer período, no son revolucionarios,
pero existe para ellos cierta esperanza. Hay entre ellos una cantidad de
trabajadores que no ingresaron por una línea revolucionaria sino porque se
trataba del primer contacto con el movimiento radical y porque estaban
interesados en “mantener la democracia”. Muchos vinieron de los sindicatos.
Podríamos ganar a algunos con nuestro trabajo en el partido stalinista. Pero
debemos enviar allí a gente capacitada para que permanezca sólo un cierto
tiempo.
Guy: Estoy
de acuerdo con lo que dice el camarada Lankin, la gente enviada allí a
trabajar, para poder realizar su tarea tendría que estar capacitada y ser
completamente desconocida, y eso va a ser muy difícil de encontrar.
Cornell: Lo
que dice el camarada Guy es completamente correcto. Es muy difícil enviar
a trabajar dentro del PC a camaradas capacitados, o a cualquiera de nuestros
compañeros. Nuestros compañeros son conocidos, distintos, y el mero hecho de
ser trotskistas les ha dado alguna reputación. Aun cuando se los enviara a
otra localidad, al otro lado del país, los stalinistas también se mueven y no
les llevaría mucho descubrirlos. Aun
cuando se haga con considerable sacrificio, su actividad en el PC tendrá corta
vida. Se podría sugerir que dejáramos en el PC a los compañeros que ganamos.
Esto también presenta dificultades. El cambio no ocurre de la noche a la mañana
sino que requiere un lapso considerable. En la medida en que aumentan sus dudas
y cuestionamientos, se ponen más y más en evidencia hasta que se hacen fama de
trotskistas incluso antes de que ellos mismo lo acepten realmente. Se ponen en
evidencia ya antes de acercarse a nosotros. Si, debido a alguna afortunada
combinación de circunstancias, eso no ocurriera, generalmente no están
preparados para llevar a cabo un trabajo tan delicado ni tampoco disponen de
condiciones políticas favorables. Si los dejamos en el PC es mucho más probable
que se desmoralicen y abandonen definitivamente el movimiento antes de que
acerquen a nuevos militantes.
Encontrar
gente para enviar allí es tarea difícil, pero por supuesto se debe hacer, y
junto con eso hay que llevar a cabo un trabajo esencial de planificación y
dirección, muy cuidadoso y alerta.
O 'Brien: En
la época de la visita del camarada Gould discutimos el proyecto de hacer
circular un boletín mimeografiado o un periódico dentro del propio PC. ¿Tienen
noticias de que se haya hecho algo en ese sentido?
Trotsky: No
se hizo nada, según vimos en la carta que acabamos de leer. Y algunos creen que
no es posible hacer nada o que ganemos a muchos camaradas. Esa es también la
opinión de Lankin. Tenemos dos tareas relacionadas pero que al mismo tiempo
deben considerarse por separado. Una tarea es comprometer, destrozar, aplastar
al PC como un obstáculo para nuestro movimiento. Si tenemos éxito, muchos
vendrán a nosotros. Pero ahora el Partido Comunista es el obstáculo más importante.
El primero fue el Partido Socialista, más débil que el comunista. Tratamos de
superar este obstáculo y lo logramos con algún éxito. Actualmente, el Partido
Socialista ya no es un problema para nosotros. La Vieja Guardia es una
organización pequeñoburguesa y semiliberal, sin influencia directa en el movimiento obrero. Y la sección de Norman
Thomas agoniza.[5]
La tarea se reduce al PC. Lo que O'Brien nos dice acerca de las objeciones de
muchos camaradas -no polemizar directamente entre los militantes del PC, mejor
acercarse a ellos de manera constructiva- significa un acercamiento anónimo.
Esperan así evitar la fricción y los golpes. Muestra de esa manera a la opinión
pública que les podemos tener algún temor a los stalinistas, implica aceptar
que ellos son fuertes y nosotros débiles. Esta objeción señala que los
stalinistas son ahora la próxima y más importante valla en nuestro camino. Y
no podemos responder, como hacen algunos camaradas, que sociológicamente no
están constituidos por elementos fundamentalmente proletarios, y que los pocos
que tienen están desmoralizados y no los podemos ganar. No es lo que dice el
camarada Lankin, pues él propone alguna acción dentro del partido. En la carta,
los camaradas afirman que ellos son escépticos acerca del trabajo en general.
La primer tarea es comprometer a este partido ante los ojos de lo trabajadores.
La segunda ganar tantos militantes como sea posible.
En su discurso
ante el Décimoctavo Congreso del PCUS Manuilski[6]
afirmó que el Partido Comunista
Norteamericano tenía veinte mil afiliados y que ahora tiene noventa mil. No
estoy seguro de que la cifra sea correcta, pero es posible que en la actualidad
la redondeen. ¿Cuántos trabajadores tienen? No lo sé. Por esta carta y por
nuestra discusión con los camaradas nos enteramos de que el crecimiento de los
stalinistas se debe al ingreso de elementos pequeño burgueses. Seguramente es
cierto que la gran mayo ría son pequeños burgueses, pero yo les pregunto a
nuestros camaradas sobre su influencia en los sindicatos. En la CIO son muy
influyentes; ¿de dónde viene esta influencia, de la base o de la dirección?
Sabemos que los lovestonistas tienen influencia en la dirección, a través de
conexiones personales, etcétera.[7] ¿Qué
pasa con los stalinistas? ¿Se trata de la influencia de los militantes de base
o de los cuadros de dirección? No conozco la respuesta. ¿Han organizado
núcleos en los sindicatos? ¿Son numerosos? ¿Tienen reuniones y aceptan
instrucciones del partido? Creer que la influencia de los stalinistas se da en
un doble sentido, en cierta medida a través de capas de trabajadores y en
mayor grado a través de su aparato, es una simple hipótesis. Disponen de un
aparato poderoso, con charlatanes adiestrados que resultan de suma utilidad
para otros charlatanes menos educados. La combinación es completamente natural.
Pero, al mismo tiempo, ¿este aparato burocrático no tiene una base entre los
militantes? Deben tener algún apoyo en las masas. De ser así, se demuestra que
entre los noventa mil afiliados hay muchos miles de obreros y un número
suficiente de obreros influyentes.
¿Tenemos un mapa de los sindicatos y de la influencia de los
stalinistas en ellos? Debemos tenerlo con estadísticas, características,
etcétera de todos los sindicatos, en el orden nacional y local. No
podemos combatir a un enemigo sin un reconocimiento previo. Debemos penetrar y
tener más puestos en los sindicatos, debemos penetrar en el Partido Comunista.
Los sindicatos son más o menos democráticos y nosotros estamos mejor
capacitados para trabajar allí. Tenemos que generalizar, analizar, resumir y
concretar toda la información de que disponemos y crear un mapa de los
sindicatos y de la influencia de los stalinistas, porque el movimiento sindical
es para nosotros el terreno más importante. Allí los stalinistas entran en
directa colisión con los intereses de los sindicatos. Lo hemos visto en el
Sindicato del Automóvil y en los otros. Y, como dice el camarada O'Brien,
nuestra critica es correcta pero demasiado abstracta. No puede llegar al trabajador
de base del sindicato. Nuestra crítica se basa en nuestras concepciones
generales, no en la propia experiencia de los trabajadores. No podemos hacerlo
porque no disponemos de información, porque no hacemos nada para conseguirla.
Supongamos por un momento que toda la influencia de los stalinistas en los
sindicatos no viene de los trabajadores sino de su aparato, compuesto de
elementos pequeñoburgueses y burócratas. Es absolutamente exagerado,
imposible, pero por el momento aceptemos esta impresión, que confirmaría la
opinión de que no podemos ganar a muchos militantes. Pero incluso en ese caso,
deberíamos acercarnos a los trabajadores de los sindicatos con el fin de
comprometer y romper ese aparato. No es un aparato homogéneo. Está formado por
Jimmy Higgings,[8]
burócratas y charlatanes.
El PC tiene
también Jimmy Higgings honestos y abnegados.
El camarada
Lankin dice que la gente que pasó por la experiencia del tercer período y ahora
por la nueva orientación está absolutamente desmoralizada y no es de gran
valor. Los burócratas sí, pero los trabajadores no, ni siquiera la mayoría. En
el tercer período sufrieron una serie de derrotas y sintieron la necesidad de
cambiar la política. Lo mismo pasó en Francia. Entonces la Comintern propuso un
nuevo camino; los dirigentes les dijeron que se había tratado de una maniobra.
Esos trabajadores no estaban educados y tenían una idea muy confusa sobre el
valor de una maniobra. Sabían que los bolcheviques habían utilizado maniobras
exitosamente. La cosa empeoró con los años. Se sintieron cada vez más enredados
y no pudieron encontrar una salida. Atravesaron una crisis moral. Un trabajador
que es despertado por una organización le está agradecido y no le es fácil
romper con ella, especialmente si no puede encontrar un nuevo camino. Lo
consideramos perdido demasiado prematuramente. No es correcto.
Repito que
tiene que haber oposición a la burocracia dirigente. Esta es omnipotente y los
funcionarios modestos deben sentir que no se trata de una organización de
camaradas. Este debe ser uno de los motivos de fricción en la propia
organización. Debemos hallar a la mujer que limpia los pisos de la organización
y a los que están un poquito más arriba, y comenzar con ellos.
Por otra
parte, hay contradicciones políticas en el aparato; hay dos tipos de elementos
importantes y semimportantes. Los dirigentes -una parte por lo menos- tienen la
educación “cosmopolita” de la cultura stalinista y están dispuestos a
traicionar todo por ella. Son la minoría activa, influyente y absolutamente
viciada del aparato. Pero hay otros. En este gran partido es inevitable que
haya sinvergüenzas nuevos -yanquis- en lugar de “internacionales”. Son honestos
yanquis, devotos de Roosevelt, de la democracia, etcétera. Si la Unión
Soviética marcha junto a Estados Unidos, estas dos partes de la burocracia
pueden permanecer juntas y mantener un cierto tipo de amistad que reflejará la
amistad entre Roosevelt y Stalin, y se reflejará en el propio Partido
Comunista. Pero si la política de Roosevelt y la Unión Soviética se oponen,
habrá fricción en el propio aparato. Posiblemente se esté desarrollando ahora,
pero no sabemos nada de ella. Si en el momento adecuado les podemos plantear
claramente el problema a los militantes o a una publicación y sabemos lo que está
sucediendo, entonces podemos proyectar una ruptura.
Creo que
deberíamos organizar un censo de todos los camaradas del partido que tengan
conocimientos o conexiones con la gente y los procedimientos del PC o sus
nucleamientos sindicales, a nivel local e internacional; luego convocarlos y
discutir lo que sepan y el material de que dispongan, darles dos o tres días
para completar la información, pues en muchos casos es probable que hayan
abandonado sus relaciones (pueden establecerlas nuevamente). Luego habrá que
convocar a estos camaradas y discutir planes concretos. Se les aconseja que
vean a una determinada persona o que envíen a un hermano o hermana para verlo.
Se elaboran medios elementales y prácticos de aproximación. En poco tiempo se
puede establecer una organización que deberá efectuar dos tipos de trabajo:
uno, muy delicado e ilegal, que sólo debe organizarse a partir de la dirección,
local e internacionalmente, en estrecha relación con la base; y otro de
penetración general en las filas stalinistas. El compañero Cornell dice que los
camaradas se desmoralizan si se los deja trabajando dentro del PC. Eso es
porque están aislados. Es muy difícil trabajar en una atmósfera de mentiras y
falsedades. Si su tarea se sistematiza y tienen reuniones regulares con el
comité, si se les da la ayuda y comprensión necesarias para solucionar sus
problemas, e incluso se los soluciona exitosamente, no habrá desmoralización.
Debemos rechazar el fatalismo sociológico, comenzar el trabajo político y
organizarlo a escala local y nacional.
Lankin: Me
gustaría agregar algo a lo que ya expresé. Cuando dije que debíamos mandar
camaradas capacitados al PC, no quise decir que era necesario mandar a la
dirección. Creo que para realizar este trabajo es suficiente con enviar a algunos
compañeros de base muy despiertos, que entiendan y puedan explicar nuestro
programa y trabajar bajo un comité. Hay, además, muchas maneras de unirse al
PC: a través de las organizaciones fraternales, porque aquí no se les da un
tercer grado, a través de los clubes, o de un sindicato. Algunos que no sean
conocidos pueden incluso unirse directamente al partido. A muchos de los que
adhieren a las organizaciones fraternales del PC se los invita a afiliarse.
Ustedes
plantearon otra cuestión: preguntaron si los stalinistas tienen realmente
influencia en la base o en la dirección. Creo que el grueso de la influencia se
ejerce sólo en la dirección, porque en muchos casos están en condiciones de
comprarla. Cuando el PC controla un sindicato, lo hace porque da todo su apoyo
a un burócrata que dentro del partido ni siquiera lleva un libro.
Gray: Cuando
estuve en la Liga Juvenil Comunista - en un núcleo trotskista dentro de la
misma - sacamos un periódico mimeografiado durante algunas semanas. El efecto
de este periódico resultó notable si se tiene en cuenta su corta vida, y se
puede afirmar que si hubiera continuado se habrían obtenido mucho mejores
resultados que los conseguidos. La razón -una de las razones principales- por
la que el periódico dejó de salir fue la falta de guía y dirección por parte de
la CLA.[9]
Los militantes del PC leían realmente el periódico y extraían beneficios del mismo. Provocó muchas
discusiones. Si se pudo hacer entonces, se
puede hacer ahora, pues las posiciones son mucho más claras que hace
cinco años.
O 'Brien: En
el momento en que discutimos el
proyecto de un boletín creí que no disponíamos de suficiente gente en el PC
para llevar a cabo la tarea. A través de la discusión me di cuenta de que se
debería hacer desde afuera. Pero no se hizo nada.
Trotsky:
No se hizo nada. Durante la crisis con la gente de Norman Thomas un trabajo
así era un lugar común. Después de esto, el nuevo paso es el trabajo dentro del
PC. Nosotros también lo discutimos con los camaradas que estaban aquí y la opinión
general fue que se debía hacer y que se haría. No se hizo. Sin embargo, esto no
es un reproche. Es posible que después de abandonar el Partido Socialista se
haya creado una organización cerrada, satisfecha o descontenta consigo misma.
Como paso transitorio es comprensible pero peligroso; podía degenerar en una
secta. Ese peligro fue vencido por el ingreso al Partido Socialista. Ahora es
necesario desarrollar nuestro trabajo contra el obstáculo real.
La opinión de
los camaradas es interesante: por favor no polemicen con los stalinistas. Es
necesario despertar la opinión de nuestros camaradas. Decimos a menudo que el
verdadero campo de actividades es el sindicato, pero allí nos encontramos la
misma tarea, los stalinistas.
[1] Nuestro trabajo en el Partido Comunista. Con autorización de la Biblioteca de la Universidad de Harvard. Borrador de actas taquigráficas, no revisadas por los participantes, de una discusión que sostuvo Trotsky con una delegación del Socialist Workers Party. Por razones de seguridad en las actas se usaron seudónimos, pero fueron reemplazados por los nombres de aquellos individualizados. Trotsky se identificaba como Cruz del SWP participaron Charles Cornell, Vaughan T. O'Brien y Sol Lankin. También estaban “Gray” y “Guy” La “carta a Trotsky” que éste cita era de Joseph Hansen, otro de sus secretarios, que a la sazón se encontraba en Nueva York.
[2] Terence Phelan era Sherry Mangan (1904-1961), escritor y periodista norteamericano, trotskista desde 1934. Activó en Francia durante la ocupación alemana hasta que fue expulsado por el gobierno de Petain. Durante los últimos años de la guerra estuvo en el Secretariado europeo y luego en el Secretariado Internacional.
[3] The Nation era entonces una revista liberal muy influenciada por el stalinismo.
[4] Daily Worker era el periódico del Partido Comunista predecesor de Daily World.
[5] La Vieja Guardia era el ala derecha del Partido Socialista, que rompió con éste en 1936 para formar la Federación Socialdemócrata. Norman Thomas (1884-1968): seis veces candidato a presidente por el Partido Socialista, lo dirigió durante su decadencia, una vez expulsadas la derecha y la izquierda trotskista.
6 Dimitri Manuilski (1883-1952): como Trotsky, había sido miembro del grupo marxista independiente que se unió en 1917 al Partido Bolchevique. En la década del 20 apoyó a la fracción de Stalin y fue secretario de la Comintern desde 1931 hasta 1943.
7Jay Lovestone: dirigente del Partido Comunista Norteamericano en la década del 20; expulsado en 1929, poco después de la caída de su aliado internacional Bujarin. Los lovestonistas mantuvieron una organización propia hasta que la disolvieron a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. En la época de la guerra fría Lovestone pasó a ser consejero de asuntos exteriores del presidente de la AFL-CIO George Meany.
[8] Jimmy Higgins: mote con que se designaba al obrero socialista de base, muy trabajador, que realiza todo el trabajo rutinario y aburrido, pero indispensable, de una organización. Lo hizo famoso la novela de ese nombre que escribió Upton Sinclair en 1919.
[9] En 1928, poco después de ser expulsados del Partido Comunista, los primeros trotskistas norteamericanos formaron la Communist League of America [Liga Comunista de Norteamérica, LCA]. Conservaron ese nombre hasta 1934, cuando se unieron al American Workers Party [Partido Obrero Norteamericano], liderado por A.J. Muste, para formar el Workers Party. En 1938, cuando fueron expulsados del Partido Socialista. adoptaron su nombre actual, Socialist Workers Party.